Entre él y unos cuantos de la UGT de la clandestinidad decidieron afiliarse al Sindicato Vertical. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Para ser admitidos con todos los honores y no despertar ninguna sospecha era necesario que aquellas paredes que oian y se chivaban rapidito a la Falange vieran a una familia cristiana, contenta y oliendo a colonia ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar.
El cura de la parroquia era un salesiano que les permitía reunirse en el local parroquial: él tampoco estaba de acuerdo en la manera en que se engañaba a esta buena gente con los sueldos, las condiciones de trabajo, la forma en que se les había abandonado a su suerte, la falta de colegios y médicos... El cura estaba encantado de dar otro sentido al mensaje de Jesucristo, el mismo mensaje liberador que había dado esperanza a los esclavos romanos y probablemente se imaginaba a sí mismo compartiendo con los más desfavorecidos las catacumbas. Si encima veia su parroquia llena cada semana hasta la bandera, miel sobre hojuelas. Tenía claro que le habían enviado a una miserable barriada perdida en el fin del mundo llena de rojos y ateos. Tocaba acercarse a ellos y arremangarse para llevarlos de nuevo por el buen camino.
Por cierto, supe que el padre José, el salesiano, se fue al otro barrio hace bastantes años. Seguro que al cielo. Fue una persona buena, honesta y que supo honrar su institución con su ejemplo. Gracias a gente como él puedo decir muchas cosas buenas de la Iglesia Católica cuando tanta gente ha tenido malas experiencias, la mía fue bonita.